A Rodrigo, que escribe como los mismísimos ángeles, me une una intensa amistad, fraternal e irreprochable, y además de hacerme el favor de ser partícipe del hermoso acto que se organizó para presentar su libro, ahora me ha regalado la posibilidad de leer uno de sus textos para el proyecto de la Biblioteca Municipal. Gracias, hermano. Pocas entradas ha tenido este Planeta Historia tan sentidas como esta; seguramente ninguna. Y a todos los que os hayáis acercado a ella, escuchad esta conmovedora historia y no seáis muy exigentes con el lector.
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